jueves, 25 de agosto de 2011

Viaje

La tierra giró para acercarnos
giró sobre sí misma y en nosotros,
hasta juntarnos por fin en este sueño
como fue escrito en el Simposio.
Pasaron noches, nieves y solsticios;
pasó el tiempo en minutos y milenios.
Una carreta que iba para Nínive
llegó a Nebraska.
Un gallo cantó lejos del mundo
en la previda a menos mil de nuestros padres.
La tierra giró musicalmente
llevándonos a bordo;
no cesó de girar un solo instante,
como si tanto amor, tanto milagro
sólo fuera un adagio hace mucho ya escrito
entre las partituras del simposio
Eugenio Montejo
Te voy a ver. Al fin te voy a ver. Junté el dinero, tramité la visa, compré los pasajes y miles de otras cosas que en este momento no se me vienen a la cabeza. Eso ya no importa. Lo que importa es que te voy a ver ¿Te acordás cuando fantaseábamos sobre esto? Cuando ibas a venir, cuando iba a ir. Días, meses, semanas, años lo hemos hecho. Por fín, luego de muchos esfuerzos voy a ir.
Camino unos pocos metros hacia el auto. Un vecino me alcanza hasta el aeropuerto. Veo como los grandes edificios se transforman en pequeñas casas, y esas pequeñas casas se transforman en planicies verdes, amarillas, anaranjadas. Todo ese paisaje cambiará (o no) en esas horas interminables que el avión va a tardar hasta llevarme a tu lugar. Trato de focalizarme en las recomendaciones que te hacen cuando vas a llegar a cualquier aeropuerto: cuidado con las valijas, guarda que le meten droga. Envolvé la valija en film para que te no te roben nada ¡NO PONGAS LA COMPUTADORA EN LA VALIJA QUE TE LA CHOREAN! Todo eso que dicen los familiares y amigos, que solo buscan protegerte. Pero no logro concentrarme en eso.
En cambio pienso en vos. Pienso en todo lo que vivimos, a pesar de la semejante distancia entre nosotros. Te imagino con la misma sonrisa, la misma mirada, la misma voz. Supongo que me vas a mirar y te vas a reír, con esa risita nerviosa que tanto me gusta cuando te veo en Skype. Noches soñando con eso, sobre eso. Días evadiendo pensamientos para evitar pensar. Para no pensar. Sin embargo el sentimiento muchas veces le ganaba a la razón y volvías y aparecías en mi mente como en una foto borrosa, pero donde claramente te distinguías.
Luego de muchas horas, llego al aeropuerto. La gente apurada, pasa como en un abrir y cerrar de ojos. Me dirijo a la mesa de entradas y pregunto en que lugar esta la empresa de viajes que me va a llevar hasta vos. Me lo indican y con pasos un poco rápidos me dirijo hasta ahí. Una chica me atiende, me saluda y me pide los datos. Se los doy y me aclara por donde embarco y a que hora sale el avión. Por suerte llego con unas horas de anticipación, dado que el tramiterío en un aeropuerto puede llevar tiempo. Mucho tiempo. Demasiado tiempo.
Sin embargo parece que la gente del aeropuerto esta en su día. Un trayecto que (según me contaron) tardaba tres horas, solo tardó una. Contento, me siento en una de las salas de espera, cerca de mi plataforma de embarque. Luego de una media hora, una locutora con una voz símil radio, símil computadora, me informa que tengo que tengo que ir yendo hacia el avión. Nervioso, me dirijo hasta ese lugar, Me piden el boleto y me dirijo hacia una manga como si fuera que estuviera a punto de salir a la cancha a jugar. Pero no veo el pasto y la gente alentando sino dos pasillos y una fila infinita de asientos. Sí. Compre el ticket en clase turista.
Consigo mi lugar y por suerte no tengo cerca mío ningún nene que pueda llegar a molestarme. El viaje iba a ser muy largo para que tuviera de acompañante a esa opción. Minutos después el avión despega y la tierra se hace grande. Y luego se hace mar.
Quiero leer y no puedo. Quiero escuchar música y no puedo. Quiero ver la película que pasa la tripulación y no puedo. Vos sos un todo que engloba cada uno de mis pensamientos. Consigo dormir un poco y en sueños te me aparecés. Pero ya no como una foto medio borrosa como antes. Ahora estás nítida, clara, brillante. Estás como siempre te imagine.
Lamentable o afortunadamente me despierto. Acaban de avisar que en unos momentos estamos por aterrizar, que abróchense los cinturones, que nada de ir al baño, todos quietitos en sus asientos. De estar entredormido pasé a estar alerta en dos minutos. Busqué el cinturón, me lo abroché y esperé sereno el aterrizaje. Unos diez minutos después, el capitan del avión nos avisa que todo salió bien y nos desea una feliz estadía. El momento de la verdad había llegado.
En un idioma extraño, que conocía, pero en ese momento extraño para mí, me van indicando lo que tengo que hacer al desembarcar: que aduana, que detector de metales, bienvenidos y demás demases. Apurado, trato de hacer todo sin que me vean como un loco, un criminal, un terrorista o alguien suficientemente sospechoso para que la seguridad aeroportuaria deporte sin miramiento. Muestro mi pasaporte, mi boleto de ida y vuelta, mi equipaje de mano, mi visa y el ticket del banco donde hice un depósito de dinero considerable para que estén tranquilos de que no voy a robarle un trabajo a un nativo. Luego de todo eso, vos. Ahí estabas sonriendo nerviosa con él de la mano. Me ves a mí con ella de la mano. Yo saludo a él y vos saludas a ella. Me preguntás como fue todo. Yo contesto que todo estuvo bien. Todo estuvo perfecto.

jueves, 18 de agosto de 2011

Pequeño Jardín

Me quedé mirando en un pequeño jardín una flor. No era gran cosa. Tenía un color rosáceo en su flor. Me acerqué a contemplarla. Se movía pausadamente, serenamente. En ese instante siento su olor. Era un olor dulce. Muy dulce. Estaba parado así que decidí sentarme a mirarla, a sentirla, a olerla.En eso siento la suave brisa de la mañana. Acariciando de a poco mí pelo, mi cara, mis brazos. El olor de esa pequeña flor rosa se torna un poco mas intenso. Me acerco un poco más. Es como si en ese momento, la flor me tuviera hipnotizado, pidiendo que me acerque más y más a ella. Es que me estoy dando cuenta que no es una simple flor. Que dentro de ella hay algo que estoy dispuesto a averiguar.
El aroma se torna mucho mas intenso. No se por qué, pero me esta empezando a molestar un poco. Me quiero levantar y no puedo, quiero abrir los ojos y no puedo. Estoy inmóvil en lo que creo ya no es un pequeño jardín con una pequeña flor rosa. En este momento puede ser cualquier lugar: una casa, un ropero, una cárcel. Le pido que me deje ir, pero se empecina en no soltarme. Me dice que ha esperado demasiado tiempo por alguien que se diera cuenta de ella. Que la notaran en ese pequeño jardín en el que estábamos.

Le pregunto que es lo que vio en mí. Me dice que no lo sabe muy bien, que inmediatamente que me acerqué largo su esencia para atontarme y atraparme. Trato de averiguar que es lo que quiere de mí. Pero no me lo dice. Empiezo a escuchar risitas cerca de mis oídos. Las risas se hacen más fuertes y el olor se hace más fuerte. No lo puedo controlar.

Al final la flor me dice que me quiere a mí. Quiere todo de mí. Le imploro que me suelte, pero ella insiste. Lo que quería averiguar de ella no era hermoso, sino perverso. Ya no se si estoy conciente o no. Las risas y el aroma ya son imposibles de aguantar. Me quiero soltar: es imposible. La flor me dice que me quede tranquilo, que todo va a estar muy bien. Pero ya no se lo que está sucediendo: todo está oscuro.

Luego de un rato me despierto. Pero algo raro ocurre. Siento que estoy inmóvil en un sitio. Como si hubiera cemento. En ese momento termino de despertarme ¿Dónde estoy? Me estoy viendo a mi mismo ¿Morí o estoy en otro cuerpo? Veo como ese otro yo se ríe y se va de ese pequeño jardín. Yo me voy a quedar hasta que embelece a alguien con mi aroma. Y vuelva a tener, tal vez, un cuerpo.

martes, 7 de septiembre de 2010

resurreción

En cualquier momento vuelvo a publicar. Tengo ideas para oublicar semanalmente asique si se puede la proximas semanas veran publicaciones. Nos vemos

lunes, 9 de marzo de 2009

Ella

Para Rayuela que hace rato largo que pedía la actualización acá les dejo el último que hice. Demasiadas cosas pasaron e hicieron que no pudiera escribir, pero hoy largo con este y próximamente con otro que tengo que corregir.


Para F

La encontré una noche en uno de esos bares de mala muerte. Laburaba de acompañante, aunque no se si solo bailaba o hacía algo mas. Todavía recuerdo como era: su estatura, un poco más baja que yo, su pelo medio enrulado, su cara, sus ojos verdes, y su cuerpo pequeño, que cuando estudiábamos juntos, me volvía loco. Siempre me sentaba con ella en las clases y me contaba de sus cosas: de cómo su novio la engañaba y volvían, de que a veces no le gustaba estar con él. Hasta me acuerdo de que la invité a salir sabiendo que estaba con él, porque según mi opinión, no se la merecía. Ahora, la veo como esas veces, nada mas que le agrego las cicatrices físicas como psíquicas que causa su trabajo.
Primeramente no me reconoció. A decir verdad, no me quería dar a conocer. Para ella era como el chico que no debía frecuentar esos lugares. Sin embargo, me le acerqué y solamente se me ocurrió decir hola. Me miró extrañada, pero a los dos segundos me reconoció y me saludó. Le pregunte que hacía por ahí, me contó de su vida y de cómo había terminado en ese lugar. De que había cortado con ese chico y que por el momento estaba sola, pero que el dueño del lugar, casi siempre requería de ella para satisfacerse.
Le conté un poco de mi vida y de que estábamos ahí porque le hacíamos la despedida de soltero a un amigo. Me preguntó si había terminado de estudiar. Le dije que si, que ya estaba recibido y trabajando y que en unos meses tal vez iba a venir por que al que le iban a hacer su despedida era a mí. La invite a tomar un trago, nos fuimos a la barra y luego empezó la música. Le recordé que todavía me debía esa salida que íbamos a tener cuando jóvenes a un boliche, y que me había metido la excusa de que su novio había llegado a su casa. Me miró y se acordó de esa vez. Y me llevó a la pista.
Mientras bailábamos, me iba acercando más y más a ella. Encima, con unas copas de más, le decía cosas como que se fugara conmigo, que dejara ese trabajo de mierda, que por ella yo era capaz de irme a vivir a cualquier lado y hacer cualquier cosa por tenerla a mi lado. Ella seguía mirándome, tratando de tomar todas esas afirmaciones como delirios de una persona que no veía hace muchos años. Yo, tratando de convencer a una persona que lo que menos quería era promesas vanas de una persona que no veía hace muchos años.
En medio de ese trance, no pude contenerme y la besé. La besé como se besan a las primeras novias, con prisa y sin pausa. Ella lo aceptó y pasó sus manos por toda mi espalda como si yo fuera el amor de su vida. Seguimos así por varios minutos. Hasta que nos separamos, y nos vimos frente a frente. Se cruzaron nuestras miradas en ese instante que parecía perfecto, de otro planeta. Mientras la tenía sujetada de la cintura, no paraba de decirle esas cosas locas que mencioné previamente. Ella me miraba y sonreía como si quisiera creer todas esas palabras que yo le decía en ese mismo momento, en ese mismo lugar.
Ya bastante tomados, la lleve a uno de los sillones que había por ahí. Me senté y ella se sentó al lado mío, abrazándome bien fuerte, como si no me quisiera perder. Sentía su calor en mi cuerpo y me olvidaba hasta de mi novia, a la que creía que amaba realmente. Pero me faltaba esto que estaba pasando, que realmente quería, volver a ver a esta chica que en mis años de escuela me sacudía el mundo. Y ahora la tenía ahí a mi lado y no la quería perder.
Mis amigos se habían quedado con unas compañeras suyas y no prestaron atención a todo lo que me estaba sucediendo. Yo loco por lo que estaba sucediendo, le pregunte realmente si quería intentar algo serio conmigo, que no me importaba a cuantos había tenido en su cama, que no me importaba si la tenía que sacar a golpes (algo que habría hecho sin dudar) de ese lugar. Que no me importaba nada ni nadie. Después de esto, me miro fijo a los ojos y quedo tildada por unos segundos. Me acarició la cara y me dijo que nunca alguien le había dicho todas esas cosas. Pensaba que personas así, ya no quedaban por estos lugares donde la indiferencia y el individualismo valían más. Pero, por más deseos que tenía de irse conmigo y amarme uno y cada uno de sus días, no podía hacerlo.
La mire atónito. No podía entender lo que ella había dicho. Parecía que me estaba hablando en un idioma que no conocía. Le pregunté el por qué. Solo me contesto que no tenía la más mínima idea de porque no podía hacerlo. Creo que dentro de ella pensaba que las cosas habían cambiado tanto, tanto, que ya no podía hacer una vida conmigo. Que por más que la amara y le diera todo lo que podía darle, nunca me iba a amar de esa manera.
Igualmente ella seguía abrazada a mí. Yo no la quería dejar ahí, en ese bar de mala muerte donde malandras y personas de bajos escrúpulos, se creían los reyes de todo. No la podía dejar ahí a ella. A la chica que alimento mis sueños más profundos cuando era un adolescente y que todavía lo hacía. Sencillamente no podía.
Cuando la noche se iba acabando uno de esos matones que las cuidan me dijo que ya había terminado mi noche con ella, que alguien mas importante que yo la precisaba. Le conteste quien carajo era el pelotudo que pensaba que manejaba su vida. Eso fue suficiente para que se me viniera encima. Luego de eso una pelea tremenda se armó en ese sucucho. Mis amigos ayudaron y en medio de todo la vi a ella. Me le acerqué y le dije por última vez que se escapara conmigo, que mandara a todos esos hijos de puta que la maltrataban a la mierda, y que viniera conmigo. Llorando esta vez, me dijo que ya sabía su respuesta. La besé por última vez y cuando me soltó me dijo entre lágrimas te quiero.
Me fui de ahí, agarramos el auto con mis amigos y nos fuimos. Todavía me pregunto por qué me dijo te quiero en vez de te amo. Supongo que no quiso que me acuerde de ella, por el resto de mi vida. Aunque por supuesto que de ella, por el resto de mi vida, no me olvido más.


sábado, 8 de noviembre de 2008

El colectivo



AGUANTE EL 531 532 QUE ME LLEVA A LA FACU! :P




Sube al colectivo que lo lleva a su trabajo. El trabajo que le da de comer, el que necesita para poder pagar lo que ha gastado todo este tiempo. Dentro de ese colectivo, ve como parte de su tiempo se detiene cuando sube, paga su boleto y consigue un asiento (preferentemente atrás, donde uno evita cederlo. Preferentemente los asientos individuales, dado que no le gusta moverse mucho.). El viaje tarde aproximadamente una media hora. Cuarenta y cinco minutos como máximo.
Vive en los suburbios. Así que distingue como el paisaje se va transformando de un color verde grisáceo a uno totalmente gris. Ve los pequeños asentamientos de personas que por diferentes motivos terminaron ahí. Ve los grandes countries donde personas, con diferentes motivos, terminaron ahí. Ve esa gran diferencia y se pregunta el porque de que este mundo sea tan desigual, que nada es como lo que se muestra, que el estudio ya no es un futuro asegurado como profesional en una cadena de supermercados, sino que uno trabaja ahí, aún siendo profesional. Ve como los grandes shoppings se erigen en lo alto, como dioses del consumo desenfrenado de la gente, que olvida sus problemas gastando dinero, en vez de enfrentarlos y divorciarse, cambiar de trabajo o simplemente, irse lo más lejos posible de todo y todos. Ve como la gente niega la existencia del que pide limosna, no viéndole a la cara y esperando que ese fantasma desaparezca. Pero sigue ahí.
Poco a poco, se va acercando a la ciudad. A esa ciudad que lo maravillaba cuando era joven, de la que se escapó cuando empezó a crecer, y a la que regresa todos los días por el trabajo, bendito trabajo, que lo amarra a su cotidianeidad. Ve los edificios, con miles de historias dentro. Historia de jóvenes parejas que imaginan un futuro esperanzador, con parejas ancianas que vieron como ése futuro se les fue de las manos. Con parejas de edad madura, que se engañan unos a otros y fingen que esta todo bien.
Ve los grandes carteles de publicidad, donde se le muestra a la gente cómo tiene que vivir, cómo tiene que conocerse, cómo tiene que amarse. Muestra a toda esa gente feliz usando ese producto que quieren vender, aunque por dentro esas personas vivan en la más absoluta soledad y encierro, ellos son felices en ese mundo de mentira, de banalidad y costumbrismo.
Deja de mirar hacia fuera, y empieza a notar las caras de los demás pasajeros. Tienen casi la misma vida que él, casi la misma rutina, casi sus mismos sueños. Algunos tienen cara de estar cansados de ver el mismo paisaje que él estuvo contemplando unos minutos atrás. Otros charlan animadamente con conocidos sobre sus cosas: la facultad, el esperado ascenso, hijo, casamiento, embarazo, cumpleaños, separación. No saben que son escuchados, no les importa en lo más mínimo.
Se cansa de la vista monocromática del colectivo. Vuelve su mirada a la ventanilla, esa invisibilidad visible que lo separa del mundo exterior. Ve como las madres llevan a sus nenes al jardín, y a metros de ellos, chicos sin futuro dándose con lo que venga. Nota que esa desigualdad que vio unos minutos atrás en los suburbios, se repite en la ciudad. Esa que no es de nadie, pero sin embargo es de todos.
Mira atentamente la cara de las personas afuera. Algunos contentos, algunos tristes, algunos directamente, con cara de nada. Se repite lo del colectivo pero en la calle, afuera. Todos buscan ese algo que persiguen y persiguen, pero al que nunca llegan.
Sabe que su viaje esta llegando a su fin. Que en cualquier momento va a tener que abandonar el asiento que en este instante esta ocupando y que luego ese asiento va a hacer ocupado por otra persona con casi su misma vida, su misma situación, y sus mismos pensamientos. Y el ya no va a estar más allí. Ni siquiera va a ser recordado por nada ni nadie ahí dentro. Un anónimo entre cientos y miles de anónimos que usan esa línea, ese colectivo por que ha viajado y tal vez no viaje nunca más.
Las calles se les van haciendo conocidas. La casa de ropa, el restaurant, la casa de computación donde compró su primer computadora, donde conoció a su primera novia, a su esposa, a su amante. Por fin, luego de tanto tiempo ha llegado la hora de descender, de salir de su espacio ocupado, de tocar el timbre que obliga al colectivero a parar, a abrir sus puertas, para que ese ser humano cruce ese umbral, esa frontera, para volver a lo que llamamos comúnmente la calle, la realidad, la vida.
Baja del colectivo que lo lleva a su trabajo.

lunes, 13 de octubre de 2008

Conectados

antes un aviso... sí, esta a propósito...






Se acababa de comprar su nueva computadora. Y, en estos tiempos que corren, nadie puede darse el lujo de comprarse una sin tener Internet. Esa cosa mágica que te permite hablar desde tu casa hasta el lugar más recóndito de la tierra. Llama a la bendita compañía que te brinda el servicio,y le brindan el servicio, no sin antes agradecerte por el dinero que te van a sacar. Además de ponerte en esos planes que para uno resultan una verdadera ganga. Eso, sino existiera la letra chica.
Lo contrata. Y a la semana le llega el módem y toda la parafernalia que le permite conectarse. Luego de instalar todo, llega el momento cumbre: el poner el nombre de usuario y contraseña para entrar de lleno en la red de redes, la world wide web, y todos esos sobrenombres que le metieron al Internet. Se descarga un mensajero instantáneo, ya saben, MSN, ICQ, Yahoo Messenger, y todos los que copiaron la idea y tenia la plata suficiente para pagar un copyright.
Lo instala. Luego accede a esas famosas salas de Chat, donde parece que todo se desvirtúa, hasta las palabras. Conoc a una chik. Le pregunta su nombre y ella accede a responderle. Siguen con las preguntas tipicas: cmo andas, q andabas haciendo, y cmo te llamas, y q edad tenes y q gusto musikal tnes. Y asi hasta q parecen q son amigos de toda la vida.
Le da su direccion d mail. Se conecta a su mensajero, en este kso, MSN. Siguen hablndo semanas y semanas. Le pregunta si vive en la misma ciudad q el, le contesta q si, pero q no sabia si se iba a kedar por mucho tiempo, dado q en kualkier momento le salia un trabajo en otra ciudad, bastante lejos d donde estaban. El, durante los dias y semanas q siguen hace lo imposible para q ella cambie d opinion. Lo consigue. Trata d verse cn ella, pero no puede, dado q su maldita rutina siempre lo aleja d un poko d tiempo libre. Asi pasa el tiempo hasta q un dia, no se conekto. Se pregunta q le habra pasado, si se fue, si se kedo, o si solo se le cayo el servidor o le kortaron el servicio. A los pokos dias se conecta de nuevo. Se explica diciendo q se habia ido d la ciudad solo por unos dias, q fue hacia esa otra mal llamada ciudad, dado q para ella era un pueblo, solo q un poco mas grande. Pasan varios dias, en los q el decide irse d vakciones a algun pueblo, a otro lugar un poko mas alejado de la bulla y el movimiento d su ciudad. No aguanta, necesita estar conectado por al menos media hora, no sabe q hacer. A la semana vuelve, ofuscado de ese viaje q le debia haber dado placer en vez d un dolor d kbeza.
Vuelve a su espacio, a su habitat, la ciudad, su ksa, su compu. Ese lugar q siempre lo mantiene unido a esa relacion q digamos, es d amistad todavía. Todavía (gracias a dios) no siente esa kosita rara q nos pasa a todos d vez en kuando. Supone q todo eso no es para el, sino para gente un poco mas dada. El vive solo, sus padres murieron hace a rato, y su hermano esta tan el sistema q apenas le da bola suficiente para preguntarse por el. Decide konectarse d vuelta, a ver q onda. No esta. Mierda. Justo kuando necesita a alguien para kompartir algo, no esta. Decide hablar kon un amigo, y le cuenta lo sucedido con esa chika q apenas conoce. Le dice q siga asi, esta todo bien y q apure el tramite de conocerse, dado q es muy lindo chatear, pero uno no se ve. Por lo menos menos q utilice otro medio de comunicación con un poco mas de sentimiento como por el ejemplo el telefono.
Al otro dia se da cuenta q su modem no anda. Tiene q llamar a esa compania telefonica chuapasangre a ver si le pueden solucionar el problema. Llama al servicio tecnico. Resulta q a esas horas nadie atiende porq 1: estan de paro. 2: estan comiendo. 3: estan haciendo huevo. Decide aceptar la tercera opcion como la mas fiable y decide ver q pasa por sus propios medios. Lo encuentra, lo soluciona y al fin puede volver a estar online. Al fin, dps de tanto tiempo, (raro, solo fueron unos dias, pero en tiempos de Internet parecen ser meses)vuelve a conectarse.
La encuentra. le pregunta de salir pero para su disgusto, ella no va a estar, es mas se va a mudar de ciudad, de pais, de mundo. el la convece sobremanera de q no haga eso q la quiere conocer q no sabe q a ella fue a la unica persona q se abrio, ella argumenta cambios de trabajos, de rutinas, devida en generaly q esta dispùesta a aceptarla. Le pide al menos verla por la webcam. “la tengo rota”. krajo. Sigue insistiendo en q el viaje puede esperar aunq sea un solo dia, pero ella no lo aguanta mas y decide cerrar el mensajero…
minutos dps, el ve por la ventana a una chica con los ojos rojos por las lagrimas q derramo, entrar a una taxi con dos o tres valijas, mientras mira al horizonte tratando de consolarse. Luego el taxi arranca, perdiendose de vista…
Raro, él y esa chica, parecían de alguna manera, conectados.

jueves, 4 de septiembre de 2008

La Caja




Abre los ojos. Como siempre, se da cuenta que esta encerrado en su caja. De cristal, cuarzo, plastico, lo que sea pero siempre, siempre, transparente cuando se levanta. Sale de su cama, va al baño y hace lo que todo hombre hace. Va hacia el comedor, para servirse otra taza de su preciado café, que, sin ninguna duda, no lo ayudaria en su vida diaria si no estuviera. Arranca el motor. Toma la autopista que la sociedad y el Estado ha preparado y concesionado debidamente a empresas privadas que, aunque el lo sepa (o tal vez no, que se yo), lo estafa una y otra vez los 365 dias del año que la usa, pagando su correspondiente peaje. Llega a su trabajo: Profesor. Él, el que sabia todo acerca de todo, se da cuenta que al fin y al cabo de lo unico que le sirvio leer, estudiar e ir a la universidad, es para enseñar lo que siempre amó, a personas que lo que menos le interesa saber es lo que tiene para contarles. Pero la paga es buena, asi que no se queja. Luego de dar sus clases, mensajea a su novia, y salen donde cualquier pareja planea una cita. La encuentra como siempre, en un banco de la plaza, con el color de su caja color rosa chicle, obviamente de pensar y repensar lo lindo que resulta ser su chico. Van a un bar, toman algo, hablan sobre los vericuetos y necedades de la vida en general y como todas las tardes la lleva a ese cuarto especial, donde ellos, en unos minutos criticos, consiguen abrir sus cajas y encontrarse en una.

Luego como todos, se saludan con un beso. Entra de nuevo en su auto para ir de nuevo a la autopista que le roba el tiempo aparte del dinero y se dirije nuevamente a su casa, su hogar, su refugio. Abre la puerta y ve, como siempre, las cosas que siempre le han gustado: su tele, su computadora, sus libros. Prende la tv, para escuchar las mentiras de siempre: algún asesinato, algún partido que ganó boca, y todas esas cosas que quieren que los medios hablemos asi nos alejamos de lo vital y lo necesario, total ¿ A quién le importa que a 15 minutos de su casa, hay personas que ni siquieran tienen lo minimo indispensable para vivir? ¿Qué siempre los que se dicen llevar todo por la vida consiguen lo que quieren, aún a costa de que sus vidas no tengan siquiera un sentido, sino el del dinero y lo material? Que te muestran qué auto hay que comprar, que ropa hay que usar y todo eso para llenarle los bolsillos a algunos pocos, descontando a los que continuamente prometen 100 para hacer solo 10, y a veces hasta 5.

Se hace unos mates para poder zafar un poco del frío que hace allá afuera. El pronóstico dice que la temperatura miníma va a ser la más baja de los últimos 20 años. Maldito Bush y sus fábricas que ayudan al Fucking calentamiento global, piensa. Pero más que insultar al presidente de yankeeland no va a mejorar mucho la situación. Aunque el gobierno le dé lamparitas de bajo consumo y que este casi la totalidad del día fuera de su casa. Pero eso si. Su caja es inviolable. Se lo dijeron de chico cuando empezó a darse cuenta de pequeñas cosas. Sabe que es su yo, lo que lo protege del mundo exterior, pero ¿es así? Parece que lo que le dijeron es como si hubiera sido un mandato divino, algo como “las drogas son malas” o “no hay nada mejor que tu país”. El trata de averiguar el porque a todo eso, pero ni todos los libros que ha leído lo ayudan a comprender mínimamente de que carajo sirve esa caja. Si cada vez que hace el amor con su novia, abrir con lentitud esa caja para acoplarse a la de su chica, parecería que lo llevara a la muerte segura. Lo discutió varias veces con ella pero no llega a ningún lado.

Sale afuera, donde tiene un pequeño patio en el que siempre tiene una silla y en la que siempre lee un libro para digamos “despejarse”. Manaña es sábado, asi que no hay problema en quedarse hasta tarde. El libro es de un tal Zófolus, con el título ¿El porque de la caja? En el como siempre, el autor trata de convencer al lector que la caja es algo del mas allá, algo que esta fuera de su comprensión y que, haga lo que haga, nunca debe cuestionarse. ¿Quién carajo lo manda a leer eso? Se pregunta. Busca su mp3 y trata de encontrar el programa que casi clandestinamente escucha cada vez que tiene tiempo, sino esta su novia, reclamando la atención que a veces se merece, o la correción de algunas pruebas que casi siempre, están desaprobadas. Algún tópico divertido, algun comentario a su blog y entre esto y aquello, deja pasar la madrugada y como casi todos los sabados se queda dormido.

Suena el timbre. La puta madre. Se le habia olvidado que ese fin de semana era el aniversario de su noviazgo y que ella venía a quedarse por esos dos días. ¿Y el regalo? Algo se le iba a ocurrir. Puteando abre la puerta. Era ella. Abrazandoló le muestra su regalo, casi siempre algo que según ella le quedaba “sexy” para esa noche. Ese día apareció con su caja con un color rojo furioso, signo de que si no se preparaba esta noche, se le podría todo. ¿Y mi regalo? Ya te lo voy a dar, no te preocupes.

Decide llevarla a un parque y preparar un picnic. Algo para salir del paso que, ustedes caballeros, sabrán comprender. Le regala un mp3 que le habían regalado hace tiempo pero que por diversos motivos, no usaba. Como siempre, la situación es salvada. Compran algo para la cena y luego Repiten el ritual en cual ellos unen sus cajas, que él tenia hoy de azul bastante claro, mostrando un poco de sensualidad y predisposición para eso.

Al otro día prepara el desayuno y vistiendosé bien salen los dos hacia una playa que quedaba a unos escasos kilómetros de su casa. Como siempre, lleva algo que escribió para mostrarle y recibir los halagos que tanto le hacían bien, y que los editores calificaban simplemente como “pura mierda”. Había hecho pequeñas publicaciones pero nunca habían tenido mucha masividad. En esos días volvía a su casa con la caja con un color entre bordo y negro. De regreso, le prepara el almuerzo que siempre le gustaba: ravioles. Aunque prefabricados, él, como todo buen caballero, la premiaba y le decía porqué nunca había hecho un libro de cocina, que hubiera vendido miles de copias, poniendo la caja de ella de un color sonrosado.

Luego, a la noche, la lleva a comer a un restaurant elegante, con mini concierto de violines y todo. Vino caro, buena comida, y mejor atención. Vuelven a casa donde se quedan dormidos, uno abrazando al otro. En la mañana, la chica prepara todo y vuelve a su casa. Solo de nuevo, decide hacer las compras del día. Algún que otro paquete de fideos, leche, cerveza (infaltable en su heladera aun si hacía –50 ºC), mas comida. En su casa pone algo de música, siempre algo de rock o de blues o jazz. En su compu trata de bajarse el compilado de canciones que se había propuesto descargar, sino hubiera sido por su novia que se había quedado el fin de semana. El precio de la compañía de internet era módico, aunque no por eso barato. En fin, para el MSN y descargar música sin pagar, era suficiente.

Ese día decide salir lejos para tratar de escribir algo que algún editor puede calficar como bueno, al menos en vez de “pura mierda” sea solamente “mierda”. Previo mensaje de texto a su novia y conocidos para avisar que se iba algunas horas lejos y que no lo localicen, va al campo que quedaba a las afueras del suburbio que habia elegido para habitar. Con su notebook, que le había costado sangre y fuego y que cuidaba como oro trata de enhebrar alguna frase, alguna conversación que quedara buena entre sus personajes, para que al fin de una vez por todas, pueda costearse los viajes que tanto quería hacer por el mundo.

Luego de un par de horas vuelve a su casa, dado que mañana es otro día arduo en el mundo escolar. Encima la escuela donde le tocaba enseñar resultaba ser una que quedaba en pleno barrio privado, donde los chicos primero decían “caja” antes que “papá” y cumplían a rajatabla lo que el mundo exterior imponía. Aunque siempre medio agrandados lo bueno era que la paga era en euros. A caballo regalado...

Quedó encantado de que al fin un grupo le prestara un poco más de atención de lo que los demás alumnos de los demás colegios le prestaban. Los tendrían que haber visto. Todos con sus cajas de un color anaranjado brillante. Pero bueno, la clase había llegado a su fin y el tenía que ir a recibir una respuesta de un ejemplar de su pequeña colección de cuentos a una nueva casa editora que había abierto en Buenos Aires. Preparado el auto se dirige hacia allá.

La dirección quedaba en el barrio de San Telmo. Era un pequeño departamento en el primer piso.Tenía un pequeño hall, donde la secretaria recibia a las visitas, y luego, el despacho del editor. Todo pintado con un verde marino y con pinturas de Dalí. La secretaria le avisa, no sin antes mirarlo de arriba abajo con la intención y pensamientos que ya todos conocemos, que el editor lo estaba esperando en su oficina. Luego de caminar por un breve pasillo, encuentra la puerta. Toca y la abre. El editor, por primera vez, está maravillado por lo que había escrito y decide firmar contrato ahí mismo. Él, encantado acepta y si todo resultaba como el editor suponía, le pediría dos libros más, con opción para hacer una novela. Con la suma de dinero que había recibido se queda en Buenos Aires, no sin antes avisar a su novia que había conseguido que le editaran su libro de cuentos.

Regresa a su ciudad. Prepara una cena especial con su novia para festejar que al fin tenía una de las cosas que más quería: su libro publicado. El editor le comentó que ni bien empezara la impresión de los ejemplares, lo llamaría. Ahora, parecía que el tiempo le sobrara, si ya hasta había corregido todo lo que los chicos de la pública habían hecho. Bastante mejor, pero todavía necesitaba pulir algunas cosas…

Luego de unos meses, su libro se había publicado. Los críticos no podían entender como habían rechazado ese libro tantas veces. Se vendían como los celulares: a cada rato. Al fin se podía dar el lujo de viajar donde le pareciera: Europa, Asia, EE.UU (aunque lo hacía solamente para ver a amigos) y todos los países del globo que se le puedan imaginar. Pero luego de todo eso se sentía que al final, todo el esfuerzo que había hecho no tenía un fin valedero y justo, ya que, cada vez que recibía una felicitación por algún libro, comentario en un diario o su propio blog, se sentía vacío. Y decidió buscarle el sentido a la caja.

Preparo un viaje a esos países que tienen gurús que dan la iluminación espiritual y la paz interior, de los que casi siempre van los tipos famosos bah, a ver que conclusiones podía sacar de esa cultura, tan diferente a la ideología occidental de pensamiento de: comprar, comprar y más comprar. Luego de llegar allí, llego a las mismas conclusiones. Por lo que decide dejar todo e irse lo mas lejos de ese lugar por unos meses, a ver si por si mismo puede solucionar el drama existencial que lo aqueja desde ya digamos, varios meses, inclusive años para algunos. Al fin, descubre un día el verdadero sentido de la caja, la cual hace envolver en un halo de luz que cambia de color según como se encuentra en cada segundo de ese nuevo descubrimiento que parecía, había sido solo reservado para el mismo. Va viene entra sale aprende deja de aprender siente piensa habla calla ríe llora se anima y desanima vive muere vuelve a vivir cuenta escucha reconoce olvida cae se levanta respira camina salta vuela nada escala repite dice todo de una sola vez duerme sueña.

Despierta…

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