martes, 26 de junio de 2012

Lectura Comprensiva

Como no puedo mostrar exactamente vía blog lo que hice por Word, dejo un link para que descarguen.

http://www.mediafire.com/?noj50lf9gccfqky

Gracias!

lunes, 18 de junio de 2012

Es estar envuelto
en negro y blanco
corriendo en círculos
sin saber que hacer

Es estar atrapado
en un gris eterno
perdido en miles de curvas
que se cruzan

Pensamientos en burbujas
que crecen y explotan
al mil por millón
mientras las ideas vuelan

Es estar aturdido
entre miles de estrellas
entre miles de nébulas
entre miles de personas
Sin cara.

martes, 15 de mayo de 2012

Caldo



                Una caracola atravesaba la playa. Avanzaba lentamente entre la arena pálida de un mayo gris plomo. Tenía que llegar a la escollera, a una cueva húmeda y oscura para descansar. Mientras se arrastraba usando sus ventosas, la espuma del mar la acariciaba con un frío sordo e inmisericorde. Pero ella continuaba. Tenía que alcanzar la escollera. Tenía que llegar a ese refugio soñado, a su paraíso de humedad y escarcha.
El viento dio paso a gotas de lluvia. Gotas que repiqueteaban como un tambor en el caparazón de la caracola. Tenía que apurarse porque sino el viento y la lluvia la iban a devolver al mar. Y estaba cansada de estar en el mar. En este punto,  revolviéndose intempestivamente. Ya no acariciaba a la caracola con su espuma fulgurante, sino que la atormentaba con su frío y su sal. La caracola empezó a mover sus ventosas un poco más rápido, se apretaba con mucha fuerza a cada gramo de arena que tocaba.  Continuar a toda costa para llegar a su cueva en la escollera. El mar hacía todo lo posible por sacarla de su curso, pero la caracola continuaba, indemne, su marcha hacia la cueva.
                Tras batallar por varios minutos, el mar calmó. La caracola vio un pequeño hueco en el cielo plomizo de mayo.  Un azul cielo junto a un amarillo sol empezaban a iluminar la pálida arena de la playa. La caracola estaba por llegar. La victoria estaba asegurada. Cada centímetro que avanzaba la acercaba cada vez más hacia su santuario, su propia cueva en la escollera.
                Al llegar a unos pasos de la escollera, la caracola siente elevarse. “Papá, papá, para hacerla en la sopa. Dale, hay que llevarla, que tengo mucha hambre.” La caracola vio la escollera por última vez, para esconderse dentro, muy dentro, de su caparazón.

martes, 17 de abril de 2012

Marejada


Recuerdo el atardecer que te encontré, parada, en un médano, en una playa lejana. Estabas ahí, con tu pelo suelto, enrulado, mirándome a través de tus anteojos. Me miraste con cierta timidez, para luego esbozar una sonrisa. Me acordé del final que tuviste que dar y luego de un apenas audible “hola” te pregunté como te había ido. Me dijiste que todo anduvo bien y me agradecías por la ayuda que te había dado. Te noté algo cansada, y me acuerdo que te sugerí que nos sentáramos y contempláramos por un rato la caída del atardecer. Entre movimientos automáticos, nos sentamos.
            El sol bajaba mientras trataba de romper el hielo. Traté de buscar un tema en común y la facu volvía una y otra vez como último recurso. Recuerdo que me diste algunas correciones sobre un escrito que te había mandado. Tenía muchos errores pero eran arreglables. Me podrías haber dicho que era lo peor que habías leido, pero no me iba a importar. Te había encontrado, parada, en un médano, en una playa lejana, y habías esbozado una tímida sonrisa, mientras tu pelo enrulado se mecía con el viento y me mirabas a través de tus anteojos.
            Recuerdo cuando bajamos, ya un poco más sueltos, y caminábamos por la orilla. Me contabas que te querías ir de tu casa porque no te bancabas a tu vieja, demasiado conservadora, demasiado cuida. Yo, queriendo que hagas eso y mucho más, te aconsejaba que lo hicieras, asi me iba con vos a cualquier lado. No importaba donde. Tal vez cerca de acá, tal vez en otra país o la quinta dimensión. Como dije hace una línea atrás, no importaba.
            Recuerdo cuando ya se hacía de noche y te tuviste que ir. Me dijiste que te había gustado que te hiciera compañía y compartir esas horas conmigo. Y querías hacerlo de nuevo. Yo, encantado, te dije que sí, que cuando quieras lo podíamos volver a hacer. Te acompañé a la parada del colectivo y con un beso en la mejilla y un chau nos despedimos.
            Pero lo que más recuerdo, es que esto nunca pasó. Te confundí con otra chica que encontré, parada, en un médano, en una playa lejana.

martes, 3 de abril de 2012

Incomprensión


Se veía, todas las noches, un cellista tocando en su balcón. Al principio, muy poca gente se juntaba a verlo. Solo grupos de cuatro o cinco personas. A medida que se sucedían los días, semanas y meses, mucha más gente se agolpaba cerca de su balcón para oírlo tocar. Él siempre tocaba la misma pieza: la Suite Nº1 de Bach. Al contrario de los demás músicos que la interpretaban con notas rápidas y cortantes, este cellista lo hacía más despacio, subiendo y bajando la velocidad a placer.
            Mientras más tocaba la Suite, más gente venía a verlo. A muchos les gustaba escuchar música clásica e iban, aunque el cellista solo tocara la Suite Nº1 de Bach para Violoncello en Sol Mayor. La gente disfrutaba de su interpretación. Muchos avezados conocedores lo comparaban con Mischa Maisky y algunos se atrevían a decir que superaba con creces a Rostrópovich. A otros poco les importaba si la tocaba mejor que esos dos famosos intérpretes. Muchos volvían cansados del trabajo y encontraban en esa música un poco de tranquilidad antes de volver a sus casas.
            Lo empezaron a filmar y a subirlo a Youtube. La interpretación de este cellista tocando en su balcón superaba tranquilamente el millón de reproducciones. De todo el mundo comentaban y planeaban para ir a verlo tocar en vivo, aunque solo tocara la Suite Nº1 para violoncello de Bach. Esto tuvo repercusiones en varios medios del mundo. Todos alababan a este gran músico, que hasta ese momento, nadie sabía su nombre, apellido o algún dato referido a su vida. Él solo tocaba la suite Nº1 de Bach todas las noches. Y a la gente le encantaba.
            Luego de varios meses, la fama de este era tal que tenían que cortar varias calles para que la gente lo fuera a escuchar. Todos esperaban expectantes que tocara lo que habían estado esperando por varias horas. Él músico salió, se sentó y arrancó con el primer movimiento de la Suite: su preludio. Luego continuó con el allemande, courante y el sarabande. Lloraban de emoción los que estaban cerca de ese balcón. No podían creer que tanto talento saliera de ese pequeño balcón. Al terminar el Gigue, el violoncellitsta se levantó. La gente rompió en aplausos y esperaron a que dijera algunas palabras. Él solo atinó a mirar hacia a la calle para encontrar algún hueco entre la gente y se dispuso, rápidamente, a tirar el cello por el balcón. Luego dio media vuelta, y entró a su departamento.

miércoles, 7 de marzo de 2012

La historia del pájaro



            Mi historia empieza en una jaula. Conocí el estar afuera de una mucho tiempo después, cuando me pude escapar. Pase de jaula en jaula los primeros años de mi vida. Primero  en exhibición en varios lugares donde me ofrecían por cinco pesos. Luego en un departamento de dos ambientes en una gran ciudad. Vivía muy tranquilo en ese lugar. El comedor tenía una mesa, un placard empotrado, frente a el un televisor y a su izquierda una ventana que daba a una gran toma de aire. A la izquierda de la puerta de entrada, estaba la cocina. Y en una de sus ventanas estaba yo, en una jaula. A la derecha de la puerta de entrada había un pasillo con puertas que nunca supe adonde iban. Ése era mi mundo. Un mundo con el que convivía con un matrimonio y un hijo. Al señor lo veía poco y nada. Lseñora estaba casi todo el día en la casa, junto con el nene. El nene era un chico bajito de pelo castaño, corto, de ojos marrones y nariz un poco respingada. Caminaba con unos zapatitos negros, que a veces molestaba a las señoras que vivían unos pisos mas abajo. Era un chico muy tranquilo, que le gustaba que le contaran historias. Le gustaban los cuentos clásicos: alguna adaptación de las Mil y Una Noches como Alí Babá y los Cuarenta Ladrones, Pulgarcito, Hansel y Gretel entre muchos, muchos más. Le gustaban tanto, que a pesar que no sabía leer (me daba cuenta por que algunas veces no entendía lo que estaba en la tele) hacía que leía sus cuentos para el estupor de sus familiares. Si no estaba haciendo que leía, miraba la televisión. Un vecino le traía unas cajitas rectangulares negras, que luego me enteré que se llamaban cassetes, que colocaba en otra caja rectangular negra, que luego supe era una videocasetera. Se pasaba horas mirándo esos videos. A veces eran dibujos animados, otras veces miraba a un señor cuya destreza era mover una esfera que se ustedes llaman pelota y pasar a otras personas hasta que la pateaba y entraba en algo que se llamaba arco. El nene se emocionaba cada vez que las redes que había en ese arco se inflaban. Sino se entretenía con una máquina roja y blanca. Otra cosa por la que estaba varias horas frente a la televisión. Me quedaba viéndolo jugar con una persona que crecía y se achicaba con un hongo y atravesaba miles de obstáculos para rescatar una mujer. En otro juego, iba con un personaje vestido solo con un taparrabo, también para rescatar a una mujer. Por lo demás, era un chico bastante tranquilo.
  

viernes, 17 de febrero de 2012

Mientras cierro el espejo
se abren otros tantos yo
¿Qué habrá en esas vidas?
¿Pensarán todos igual?

Mientras cierro el espejo
mis otros yo despiertan
se miran. Me miran
para buscar resoluciones,
para intentar descifrar quienes son

Mientras cierro el espejo
mis alter-egos aparecen
buscando escapar, tal vez
y transmutarse

Mientras cierro el espejo
mis doppelgängers se asoman
mejor los mato, que no vivan
que queden en un encierro eterno


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